domingo, 1 de agosto de 2010

¿Por qué Halloween es mejor que Pesadilla?



Aprovechamos el hecho de haber repasado en dos días consecutivos Halloween (John Carpenter, 1978) y Nightmare on Elm Street (Wes Craven, 1984) para explicar por qué quienes sostienen esta página consideran a una ampliamente superior a la otra.
Por empezar, hay que decir que existen importantísimas similitudes entre una película y otra (sin olvidar que Halloween es anterior, primer punto a favor para Carpenter). Ambas parten de la misma idea de un psychokiller que acecha la tranquilidad de los suburbios americanos, poniendo en peligro la seguridad de toda una comunidad y matando principalmente a bellas jovencitas. Sin embargo, lo que hacen uno y otro con esta línea argumental tiene resultados que se diferencian lo suficiente como para que tenga sentido escribir este artículo.
Halloween está mejor narrada, es decir, tiene más ritmo, provoca miedo absolutamente todo el tiempo, genera una tensión increíble, con unos altos y bajos perfectamente calculados. Nightmare sólo lo logra por momentos (por lo general, en los momentos en que más se parece a Halloween), pero a la falta de manejo en la narración le suma el componente “berreta”, que abarca no sólo los efectos especiales que hoy en día resultan recontra crotos, si no también las actuaciones, los diálogos, la puesta toda. En este sentido, Nightmare termina siendo más risible que temible (ojo, es risible no sólo por ser berreta, también tiene sentido del humor y eso es más rescatable en esta película que en Halloween).
En Carpenter se percibe una gran comprensión del lenguaje cinematográfico, sobre todo en el uso del segundo plano de la imagen (o sea, la imagen en profundidad, y cómo lo que está en primer plano se conjuga con lo que se ve detrás). Craven le roba como loco a Carpenter (cuando le sale), y a su vez muchos otros les robarían a los dos. Basta con ver estos films para sacar la conclusión de que, en el cine de terror, un gran porcentaje de la magia del plano le corresponde a la efectividad su encuadre.
Si de poner en relación ambas películas se trata, es inevitable comparar a sus personajes: Freddy Krueger y Michael Myers (ojo, no es Austin Powers). Ambos personajes son descriptos y delineados brevemente, y hay una característica común a ellos: los dos comienzan a matar sin una justificación clara, y tras haber sufrido algún ataque (el encierro de Myers, el incendio de Krueger), vuelven a la carga con toda la furia.
Sin embargo, mientras Myers es un asesino de carne y hueso, Krueger juega en el terreno de lo onírico, idea que a priori es interesante pero que no termina de resultar. Myers, en cambio, y a pesar de ser mostrado de manera menos directa en cámara que Freddy (espectacular acierto de Carpenter), resulta mas palpable o realista, y sus crímenes parecen mucho más terribles y a la vez más interesantes: Myers no mata a cualquiera ni de cualquier forma, si no que sus asesinatos son de una naturaleza decididamente sexual, cosa que tal vez exista en el film de Craven pero que de ninguna manera consigue acentuarlo como lo hace el director de Halloween.
No sé si alguno de los films tiene una intención política, pero ambos parecen tener como objetivo primordial el poner en tensión el reluciente pero artificial American Way of Life, en el que los suburbios son aparentemente tranquilos y pacíficos, las chicas van a la preparatoria y los chicos se pasean en descapotables haciendo de las suyas (en esta última categoría entraría el jovencísimo Johnny Depp, que aparece en Nightmare con una remera que no llega a taparle ni el ombligo).
De todos modos, y retomando lo dicho sobre el personaje de Myers, Carpenter logra este cometido primordial de manera mucho más efectiva que Craven y, a nuestro criterio, esto tiene que ver con lo antedicho en relación con el personaje de Myers: es mucho más palpable que Krueger, y su acecho se vuelve mucho más desesperante. Cuando uno sale del cine, tiene más posibilidades de encontrarse con un Myers que con un Krueger, y , en nuestra opinión, de eso se trata el buen cine de terror.

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